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martes, 3 de enero de 2017

El año de la nueva paz


Fuente foto: El Espectador.

Por: Luis Alcides Aguilar Pérez
Enero de 2017
Esta paz se siente como esa de la cual habla el cura en la eucaristía al momento de darnos la paz. Entonces salimos de la iglesia, aún llevando consigo la serenidad propia de la casa de Dios.
La nueva paz de la que quiero hablar se refiere a otra, la que proviene de largos procesos de disturbios y desgracias y en la que, por lo general, el más perjudicado es el pueblo. Hoy existen y continuarán los descontentos, seguramente por mucho tiempo; pero tenemos un problema menos con los que tanto ha sufrido nuestra querida Colombia.
Entonces es cuando se desenmascaran ciertos devotos de  la fe católica, que domingo a domingo asisten a misa a recibir la bendición de Dios, experimentando una gran tranquilidad interior y la convicción de que quizás Dios a él lo tiene muy en cuenta pese a estar haciendo la guerra, y después de un fuerte abrazo de paz, seguramente le pulula en la mente la manera de cómo continuar con su terquedad de una manera muy diplomática sin dejar notar el daño que puede ocasionar con sus aseveraciones en contra de lo que llamamos  paz.
Desde la otra orilla el pueblo continuará en su calvario cotidiano, tratando de sobreponerse a los acontecimientos y estrategias políticas que los Estados se ingenian para, según sus dirigentes, evitar descalabros económicos y políticos que afecten la sustentabilidad del país. Siendo así el grueso de la población seguirá a merced del Congreso de la República representado en los ciudadanos que eligió, los mismos que se apegan a sus intereses particulares y se olvidan de aquellos a los cuales están representado. Expresando después la necesidad de los ajustes legales para una mejor Colombia, a través de nuevos impuestos en provecho del desarrollo integral del país con sus gentes; argumentando a manera de razonamiento unilateral, que “es lo mejor que se podía hacer”.
Mientras tanto el 2016 fue el nuevo inicio de grandes ideas para nuestra Colombia. Ideas que nos abren espacios que permitan volver a lo que según algunos consideran utopía, como es la paz. Los obstáculos continuarán y los esfuerzos persistirán, con el ánimo de dejar a tras los malos momentos y quizás la fuerza divina permita que salga el diablo que se ha apoderado de las almas de los que con su aparente accionar benévolo creen estar ayudando a una verdadera paz, sin reconocer los sacrificios que la misma paz exige.
Aquí el pueblo no tiene la culpa, no es propio que el mismo pueblo se ataque mediante las redes sociales y en grandes reportajes; aquellos que dijeron “no” y aquellos que dijeron “sí”. Aquí la razón de tergiversar la realidad fue idea de una maquinaria mezquina que al monopolizar la misma desgracia del pueblo la convirtió en proyectil, regresando a las masas más ansiosas de bienestares con argumentos envenenados, que hizo replantear su forma de ver “una paz de mentiras” y no una que en medio de un largo proceso llegaría a tornarse ideal y a favor de los más necesitados de Colombia.
La paz es de todos y más de aquellos que no dejarían el país porque de verdad lo aman, quizás también por carecer de las riquezas materiales, las mismas que los oligarcas de Colombia le han quitado a esa gran mayoría, ésa que es la que sufre el flagelo de la guerra.

martes, 3 de mayo de 2016

La seguridad alimentaria

Por: Luis Alcides Aguilar P.
Mayo de 2016
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Este razonar preocupa a muchos, sobre todo a aquellos países considerados desarrollados, ellos ven un futuro incierto respecto a contar con abundantes productos alimenticios para satisfacer a su sociedad, y por ende su seguridad alimentaria y nacional.
Ellos prevén que, en caso de una próxima guerra, sus ciudadanos y gobernantes merecen contar con los alimentos disponibles, producidos en su territorio o en territorio extranjero en cual invirtieron para su sustento en épocas de calamidades. Mientras tanto, en épocas de paz contarán con reservas y un poco de lo que les sobre, lo estarán vendiendo o exportando al país que lo requiera.
En la actualidad, nuestro país pone en vigencia la ley (Zidres) Zonas de Interés de Desarrollo Rural Económico y Social, aprobada en plenaria del Senado colombiano, según el gobierno esta es la mejor forma que existe en el país para revolucionar el campo colombiano, es decir, es la mejor estrategia para poner en producción más de siete millones de hectáreas y de hecho se asegurará la prosperidad alimentaria.
Por otro lado algunos críticos aducen que esta ley es el mejor argumento para que las multinacionales compren sin límite alguno grandes cantidades de hectáreas de tierra para generar una producción, mientras en otros países existen límites en la compra de tierras por extranjeros, en Colombia no le dan tanta importancia a esta otra forma de colonización, que en cierto modo desplaza al campesino colombiano; sobre todo a aquel que no ve intenciones en el Estado colombiano en implementar políticas que le permitan verdaderos créditos blandos para poner a producir la tierra.
Ciertas veces se tienen vicios en criticar las diferentes propuestas que más tarde se convierten en ley, en nuestro país Colombia, pero en el fondo, algunos expertos en producción agrícola y economía de desarrollo han vislumbrado que esta ley “es la peor ley de tierras de la historia de Colombia”. Entonces, ¿Qué ocurre con nuestros gobernantes? ¿Será que tienen plena confianza en sus asesores que quizás no vislumbran las artimañas de las que son objeto por parte de ellos?
De todas estas estrategias de cambios respecto a la seguridad alimentaria y los constantes devenires asociados a la tan llamada seguridad alimentaria, desde el hogar, aquellos que poseen patios improductivo más grandes que un campo de fútbol y aun los que tenemos unos cuantos metros de patio, tendremos que empezar a idear maneras de producir productos de pan comer y pan coger, ya que estas advertencias están tan a la moda como el cambio climático mundial, y las realidades actuales nos están dejando ver las crisis que se avecinan para la humanidad.
Las premoniciones dejan notar que tendremos que aprender mucho sobre supervivencia, búsqueda de agua, producción de terrenos inviables que por lo general no han dado un solo producto de consumo para el ser humano, creo que es la mejor manera de que en los países como el nuestro sus gentes iniciemos o volvamos a una economía de subsistencia en medio de la debacle  silenciosa que se apodera de los niños Wayuu, los desvíos de grandes cantidades de aguas de los ríos por la prioridad de un proyecto minero y lo que falta.